Mercosur: ¿un caso fallido de integración?

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  • Posted on April 12, 2011


    El fuerte desencanto por los resultados concretos del mercado común, a veinte años de su creación, está parcialmente justificado.

    Como todos los procesos de integración, el MERCOSUR es un fenómeno en continua transformación y crecimiento . Desde su creación, el número de países se ha ido ampliando y también ha ido cambiando la ideología que sustenta el proceso de desarrollo. Sin embargo, a veinte años de su creación, existe un fuerte desencanto en torno a sus resultados.

    En efecto, el MERCOSUR ha ido perdiendo protagonismo y credibilidad inicial. En términos económicos, el buen desempeño demostrado por el mercado ampliado durante los primeros años, contrasta con un bajo nivel de interdependencia económica que existe hoy entre sus economías, salvo la de Brasil. En términos geopolíticos, ha perdido presencia en los foros internacionales y regionales : con un Brasil que prefiere actuar en el ámbito global con marca propia y un UNASUR que en el ámbito regional suma un mayor número de países y logra articular las nuevas agendas y prioridades de los gobiernos de la región. Por último, y en términos de su credibilidad interna, el MERCOSUR se ha ido vaciando de participación social y apoyo ciudadano, por una sociedad civil decepcionada de promesas incumplidas y el bajo nivel de cumplimiento de compromisos a nivel domésticos En gran medida, este desencanto se explica como el resultado de las visiones e interpretaciones que se han dado desde ámbitos académicos y políticos. Un rápido recorrido por la literatura del MERCOSUR permite agruparla en dos grandes grupos o visiones. La primera de naturaleza prescriptiva, contribuyó a generar la expectativa de que el MERCOSUR, tarde o temprano, alcanzaría los resultados del mercado europeo , creando instituciones y regulaciones supranacionales. A partir de esta premisa funcionalista, los trabajos tendieron a focalizar la mirada sobre las instituciones de la integración y a identificando los factores que dificultaban su supranacionalidad, señalando los cambios necesarios para retomar la trayectoria seguida por el modelo europeo.

    Un segundo grupo de trabajos contribuyó a crear la idea de que el MERCOSUR es el resultado de una estrategia racional e instrumental de los gobiernos miembros para alcanzar beneficios que no podrían conseguir de manera individual. A partir de esta premisa, estos trabajos se dedicaron a identificar la “meta” y desde allí medir sus resultados en términos de éxito y fracaso.

    Mas allá de las diferencias que separan a ambos grupos, ambos enfoques contribuyeron a crear una imagen estática y pseudo objetiva de la integración , que dejó afuera del análisis los bienes, valores e identidades regionales que se han ido construyendo con el devenir del proceso y al margen de lo ocurrido en otras experiencias o a los cálculos iniciales de los gobiernos. En efecto, si uno observa y analiza los avances dados por la región en torno a las agendas vinculadas con la integración productiva, la educación, medioambiente y la innovación tecnológica, el MERCOSUR ha sido un proceso fundamental para armonizar y socializar las experiencias y el conocimiento técnico de los países más avanzados en la temática hacia los países que carecían de instituciones y capacidades técnicas y recursos para hacerlo.

    De esta manera, si bien no logró construir una nueva forma de gobernanza alternativa a la global, como sí lo hizo en algunos temas la Unión Europea, actuó como instrumento de transferencia y puesta al día de políticas y capacidades públicas.

    Clarín/AC