48 horas en Miami

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  • Posted on April 10, 2011


    Es el mundo de los grandes yates, amarrados en muelles rodeados de palmeras e imponentes rascacielos. Es también el reino de las compras, del consumo convertido en religión, de los grandes locales en los que conviven lujos y saldos. Miami es todo eso y aún más. Un mundo cruzado por cientos de autopistas, invadido por turistas y empresarios, que conviven entre postales de playas, arena y mar, autos descapotables y night clubs. Aquí, dos días para conocer algunos rincones de una ciudad que sorprende con su mix de culturas, sus paisajes urbanos y oceánicos, y su gastronomía de primer nivel.

    PRIMER DIA 8.00 El elegante restaurante ThreeFortyFive del hotel JW Marriott Marquis (255 Biscayne BoulevardWay), en el corazón mismo de Miami, es el sitio elegido para iniciar el día con un completo desayuno que incluye panqueques, panceta, huevos, hash browns (bollos de papas fritos), jugo de naranja y un café bien negro. Temprano aún, el sol entra oblicuo por los amplios ventanales del salón que dan a las aguas de Biscayne Bay.

    9.00 Desde el centro de la ciudad vamos hacia el norte y cruzamos la bahía en dirección a Miami Beach sobre la maravillosa Venetian Causeway, larga avenida que encadena once islotes artificiales a través de doce puentes. Construido en los años veinte, el camino está flanqueado por viejas farolas y suele estar repleto de ciclistas.

    10.00 Convertida ya en una leyenda de la ciudad, la avenida Ocean Drive es sin dudas el sitio más emblemático de South Beach, la zona más popular de Miami Beach. Bordeando las playas de arenas blancas que dan al océano, la calle es una sucesión de patinadores que zigzaguean entre lujosos autos, palmeras que hacen sombra sobre el asfalto, hoteles de todo tipo, restaurantes -bulliciosos algunos, más calmos, otros- con terrazas sobre la calle y el sonido omnipresente de la música latina. Ideal para ver y dejarse ver.

    Si quiere caminarla de punta a punta sin cansarse, nada mejor que tomar un par de cócteles tropicales en algún bar caribeño, de los que hay docenas. Si prefiere, en cambio, un café y un bocadillo ligero, el tradicional News Cafe (800 Ocean Drive, abierto 24 horas) es el lugar para empezar a conocer parte de la historia de SoBe (como se le dice a South Beach).

    Tendrá que volver aquí por la noche, para vivir la intensa y diversa vida nocturna de SoBe -sea en Ocean Drive, en Washington Av. o en Collins Av.- y pasar por lugares emblemáticos como Mango’s, Clevelander o B.E.D.

    12.30 En el 820 de Ocean Drive, Larios on the Beach es ideal para almorzar y disfrutar de los típicos sabores de Miami Beach. El restaurante pertenece a la cantante cubana Gloria Estefan y sirve unos explosivos mojitos que, aseguran, son los mejores de la ciudad. Exquisita la vaca frita, tradicional plato cubano hecho con carne vacuna machacada que se sirve con arroz y frijoles negros.

    14.30 Entre los hoteles frente a la playa, preste atención al ubicado en 1116 Ocean Drive. ¿Lo reconoció? Es Casa Casuarina, el palacete que perteneció al diseñador italiano Gianni Versace. Aquí, frente a esta mansión, Versace fue asesinado en 1997 por Andrew Cunanan. Hoy el lugar se llama The Villa by Barton G. y es un hotel boutique de lujo con 10 deslumbrantes suites cuyos precios por noche trepan hasta los 10.000 dólares.

    Si hay algo que distingue a South Beach -además de su vida nocturna, sus personajes y el exhibicionismo- es su arquitectura Art Decó. Muchos edificios datan del período comprendido entre 1920 y 1940, casi todos con fachadas color pastel que reflejan una época en la que la ciudad era promocionada como el “jardín tropical” de EE.UU. Construcciones como los hoteles Cardozo, Carlyle, Colony, Edison, Essex y Tiffany son sólo una muestra de la riqueza de este distrito que se disfruta a plena luz del día, o entre los neones coloridos de la noche. Puede dejarse llevar por su cuenta o contratar algún tour guiado. Por ejemplo, el MDPL Art Decó Welcome Center (1001 Ocean Drive) organiza visitas a pie que cuestan US$ 20 por persona (US$ 15 para jubilados y estudiantes). También, paseos autoguiados con audio disponible en español, por US$ 15 y US$ 10 respectivamente.

    17.00 No deje Miami Beach sin conocer Lincoln Road y Española Way. Lincoln Rd. es una peatonal que corre entre Walton Rd. y Washington Av. y se ha convertido en un paseo ideal para caminar, tomar algo, cenar y hacer compras, mucho más calmo que Ocean Drive. Aquí hay tiendas de ropa, decoración, accesorios, chocolaterías y fragancias, galerías de arte como ArtCenter/South Florida o Britto Central (del famoso y colorido Romero Britto) y hasta salas de cine y teatro.

    Pequeña calle cuya estética recuerda a las románticas villas francesas y españolas de los años veinte y treinta, en Española Way hay pequeñas boutiques, cafés y restaurantes.

    19.30 Coconut Grove es uno de los sitios más apacibles de la ciudad, de rincones arbolados y viejos caserones de roca coralina. Es imprescindible conocer algunos lugares históricos, como la iglesia Plymouth Congregational, construida originalmente en 1889, con maderas rescatadas de naufragios.

    21.00 Tiempo de cenar. Una buena alternativa en Coconut Grove es CocoWalk, un complejo comercial de tres pisos con cines, negocios, bares y muchos sitios para comer. Hay varias cadenas de restaurantes conocidas, como Cheesecake Factory, que ofrece en su menú ensaladas, carnes, pizzas, pastas, mariscos y sus muy especiales Chocolate Chip Cookie-Dough cheesecakes, con crema chantilly y pedacitos de chocolate decorando el plato. Un postre delicioso para terminar el día.

    SEGUNDO DIA 8.00 Cruzamos hacia el sur el río Miami y entramos a Brickell, corazón financiero de la ciudad y conocida como el Wall Street del estado de Florida. Caminamos entre elegantes rascacielos en los que operan un centenar de entidades bancarias y atravesamos un pequeño puente para llegar a la exclusiva isla de Brickell Key, que concentra varios condominios de lujo.

    9.00 Hacia el este, la carretera 41 nos lleva hasta el Parque Nacional de los Everglades, un enorme humedal cubierto de pantanos y ciénagas en el que los grandes cocodrilos son la postal más común. La única forma de conocer la zona es a bordo de aerodeslizadores equipados en su parte trasera con enormes ventiladores que le permiten navegar a toda velocidad. Asomados en las aguas pantanosas, escondidos entre juncos, los cocodrilos nos miran pasar sin siquiera sobresaltarse.

    11.30 Con la cámara repleta de fotos de cocodrilos dejamos los Everglades rumbo a la Bodega Schnebly, que se distingue por su producción de vinos hechos con frutos tropicales como aguacates, mangos, guayabas y carambolas. Por US$ 10, visita guiada a la finca y degustación de vinos. Todo en un entorno de cascadas y muchísima vegetación. Idílico.

    12.30 Dicen que Miami es la capital mundial de las compras y las ofertas. Llega entonces el tiempo de conocer el Dolphin Mall, el centro comercial más grande de la ciudad, con más de doscientas tiendas y varias decenas de restaurantes y lugares de diversión (11.401 NW 12th Street, www.shopdolphinmall.com). A ritmo vertiginoso, la gente recorre los negocios y hace uso y abuso de las tarjetas de crédito en los outlets de las grandes marcas o en locales exclusivos de Swarosky o Polo Ralph Lauren. Entre compra y compra, hay tiempo para almorzar en el área de Las Ramblas, donde es posible encontrar opciones como KOBE Japanese Steak & Seafood, TGI Friday´s, Texas de Brazil Churrascaria, Johnny Rockets, Mojito’s Cuban Restaurant y Charcoal’s.

    16.30 Saciado el descontrol consumista, la próxima escala de Miami nos encuentra en la Pequeña Habana (Little Havana), un barrio que es el corazón de la comunidad cubana en la ciudad. Aquí empezaron a llegar, en la década del sesenta, los primeros exiliados cubanos que escapaban de la isla tras la victoria de la revolución de Fidel Castro. El eje de la zona es la tradicional Calle 8, en donde se concentran los mejores locales de comida cubana en los que es posible saborear masitas de cerdo, ropa vieja, vaca frita y el exquisito tostón, un plátano verde frito sazonado con ajo y sal que es típico de la gastronomía caribeña. Además, el famoso Parque Dominó y el aroma de los puros.

    18.30 Los haitianos también impusieron sus tradiciones y su cultura y tienen su propio barrio: conocido como Pequeña Haití (Little Haiti), este rincón de la ciudad permite ingresar en un mundo en el que el espíritu del vudú y los ritmos de origen africano sobrevuelan en las esquinas, casi como si se tratara de una postal arrancada a Puerto Príncipe, la capital haitiana. Hay olores a incienso, estampitas de santos y demonios, mujeres hermosas con piel de ébano, platos de arroz con guiso de cerdo y camionetas blancas que recorren las calles atestadas de gente. Es otra Miami.

    21.00 Segunda noche y última cena. Para que la despedida sea inolvidable, nada mejor que comer en el DB Bistro Moderne, uno de los exclusivos restaurantes del hotel JW Marriott Marquis. Ensalada de col de Bruselas con pasas, un tajine de berenjenas con pimientas cocidas y un postre con piña, pasas y helado de ron. Vinos franceses de Bordeaux y Dordogne. Afuera, frente a la Biscayne Bay, la luna espejada sobre el agua hace las veces de un perfecto adiós.

    Clarín/AC



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